domingo, julio 24, 2005

Preparativos para el Centro Espacial Cronia


Sentado frente al ventanal con la vista fija en el bosque, Michio Koki vió los primeros copos de nieve caer tan persistentes que pronto se cubrió de blanco toda la superficie del jardín. A lo lejos en la blancura de la carretera un vehículo robótico quitaba la nieve que se había acumulado considerablemente en apenas unos escasos minutos. La temperatura del exterior era de -18 grados, nada comparable con los -196 grados del nitrógeno líquido que envolvía el cuerpo de Cynthia. Michio sintió que en el interior de su albergue todo era tan cálido y acogedor no obstante el destello metálico de la cabina de teletransportación que le recordaba los fríos tanques de acero de aquella amplia habitación donde la luz artificial rebotaba sobre la superficie pulida de los metales. El Instituto Alcecor de suspensión criónica que en los años 2004 se anunciaba como “Juventud futura y Vida Eterna” ahora, 20 años después lanzaba la primicia del primer cuerpo descongelado. Daniels Hokoppler aunque aparentemente con algunos daños en realidad no irreversibles, estaba siendo preparado para el proceso de implantación de Agentes de Rastreo y Reparación Celulares. A sus 64 años biológicos, o mejor dicho a sus 84 referentes espacio-temporales, permanecía ajeno al singular aspecto de un cadáver.

Koki pensó en Cynthia, en el día que se despidieron sellando un pacto de reencuentro veinte años después.
-Para entonces, tú tendrás 50 y yo seguiré siendo de 25.
-No -corrigió inmediatamente él-.Dentro de veinte años yo seré una persona de 20 años. Es decir, habré rejuvenecido 10 años de los que tengo ahora y me conservaré eternamente joven.
Si bien la apariencia de Koki no era exactamente el aspecto de un joven de 20 años, sí era el más formidable cyborg que la tecnología había logrado crear. El bello cuerpo de Michio Koki era la transevidencia de un magnífico híbrido controlado casi por un 85% de implantes de la más espectacular tecnología. Con los ojos entrecerrados puso a un lado los pensamientos del recuerdo de Cynthia y trató de concentrarse en el sonido que hacía su vieja computadora Lizeth, de la generación de los años 15, al registrar cada uno de los bucles de información del programa matemático de Andrew. Ambos sospechaban que el diseño de los algoritmos habría de descifrar el código del último texto encriptado que había sido transmitido por la red. Trabajar con dicho vejestorio tenía la ventaja de no ser fácilmente interceptado por las IAs, al menos no por un buen rato.

Dejó trabajando a Lizeth y bajó a la cocina donde su madre preparaba un refrigerio. Hablaron de trivialidades, de cosas sin importancia, mientras llegaba el padre de Koki, quién había ido al cosmetólogo. El aroma del café inundaba el espacio doméstico y justo al tiempo de servirlo llegó el señor con algunas viandas para Michio.
-Has quedado como nuevo, cariño -dijo la señora acariciandole dulcemente la mejilla–. Y por favor papá, no vuelvas a usar el ácido para limpiar las máquinas arcaicas, o mejor dicho ya no lo hagas, podrías encontrarte un mejor pasatiempo.
-Hijo, fue un accidente -Kitty brincó sobre el motor y el frasco del ácido se derramó sobre mi rostro–. A fin de cuentas he aprovechado para teñirme la piel de un bronceado más estival. Lo he hecho por tu madre que siempre insiste en la palidez de mi tegumento.

Como cualquier día invernal oscureció a las 5 de la tarde. Los padres de Michio Koki se fueron a descansar mientras él seguía frente a la computadora esperando el descifrado del texto. La luz y el sonido intermitente de la pantalla visora le anunciaba la presencia holográfica de Andrew. Koki autorizó el ingreso y al momento su amigo se encontraba sentado en un sillón de su albergue. Se le veía preocupado. Las IAs los tenían en jaque, el sistema informático de la red estaba a punto de colapsar, un operativo de emergencia estaba supliendo los sistemas de mando inteligente a través de la UTyCE (Unión de Territorios y Centros Espaciales) que se había independizado creando un sistema autónomo, inteligente y confidencial ultra secreto, el cual funcionaba desde la época del Exterminio en 2013, cuando se produjeron los atentados masivos contra las instalaciones y los centros de investigación criogénica.
En aquella época los fanáticos Pro-salvación-con-dios habían arrasado materialmente con las más de las instalaciones científicas en varias partes del mundo y habían hecho una cruenta cacería de hormas y sus clones-ST. Se les denominó “hormas” a los niños que en el momento de la concepción in vitro eran clonados con un ejemplar ST el cual tenía la consigna de existir con fines netamente coadyuvantes para su replicante.
Andrew era un horma de 18 años. Poseía una inusual inteligencia que lo había llevado a sobresalir en el frente estrategico del UtyCE. Su clon, Andrew-ST vivía en un sector privado del Centro Espacial Fase-Luna, el cual estaba habitado por una sociedad de clones que eran visitados por sus hormas solamente cuando éstos requerían de algún órgano o miembro de ellos. Las partes mutiladas de los clones eran inmediatamente repuestas por estructuras cibernéticas hasta que la ingeniería genética y nanotecnología robótica completaban la reposición orgánica de las partes.

-Ssssssshhhhh -susurró Koki, quién escuchaba con atención el sonido del ciclo de los bucles del cifrado–. Me pareció percibir cierto ritmo- dijo en voz baja.
Andrew asintió con un movimiento de cabeza, al tiempo que golpeteaba con cierta cadencia los dedos de su mano izquierda sobre el descansabrazos del sillón. La máquina cesó de improviso dejando plasmado sobre el monitor un texto totalmente legible, convencional, y para sorpresa de ambos, nada que pareciera ser aterrador para la seguridad inminente del planeta.
-¿Qué broma es ésta? -vociferó Michio ante la sorpresa de su amigo y colega que parecía haber repentinamente enmudecido.
Andrew oprimió de forma instintiva la tecla PRINT, seguidamente tomó una a una las 6 páginas impresas del texto supuestamente descifrado del criptograma de la red cuyo título ostentaba el inocente título: “El Abuelo”. Andrew comenzó a leerlo en voz alta mientras Koki parecia repetir las palabras del texto con el movimiento de sus labios como si lo conociera tan bien como la palma de su mano. Tocó su frente con un movimiento desesperado y le dijo a Andrew.
-¡Detente!, conozco el texto. No lo entiendo, realmente no lo entiendo. No lo vas a creer, es un cuento de ciencia ficción que Cynthia escribió en el 2003. Hace algunos años encontré el archivo entre mis cosas y lo rescaté bajándolo a este equipo.
-¿Bromeas? -dijo sonriente Andrew.
-No, no es momento para bromas.
-¿Crees que Lizeth esté “chocheando”?
-Es un máquina vieja, pero esto...,
-Tranquilizate, comparemos ambos textos depurando sus contenidos. Eso es simple, y Lizeth nos puede ayudar.
En tan sólo 42 segundos la computadora corroboró el idéntico contenido de palabras, letras y signos para ambos textos. El mensaje criptográfico difundido en el ciberespacio por las IAs y la narración de Cynthia eran idénticos. Uno era el gigantezco anagrama del otro.
-Creo que esto no nos ayuda mucho dijo Koki bastante abrumado.
-¿Tienes el texto original de Cynthia? -se apresuró a decir Andrew.
-Si, claro, lo tengo en el archivo de “narraciones”.
Koki manipuló el control inalámbrico con cierto nerviosismo. El cursor se movía apresuradamente sobre el monitor abriendo y cerrando la trama del contenido de archivos.
-Debo haberlo guardado en otro lado -dijo en voz baja-, creo que mejor usaré el buscador automático -agregó.
Escribió las palabras “El Abuelo”. Inmediatamente se escuchó la voz dulzona y monótona de Lizeth... archivo inexistente.
-¡Me lleva...!
-Serénate. ¿Tienes el disco original?
-No.
-¿Alguna impresión del texto?
-No... no lo recuerdo... Hace tantos años... Tal vez... Debe de haber alguna, en algún lado... Bueno, creo que estamos como al principio.
-No necesariamente. Lo que sabemos hasta ahora es que por circunstancias inexplicables el criptograma de los IAs corresponde a un texto que un día estuvo en tu computadora.
-Y que ya no está ahora... -agregó Michio- Y no me veas así, te lo aseguro.
-Ok, resumiendo -dijo Andrew-: El criptograma tiene un anagrama que tú has reconocido como un texto de Cynthia.
-Así es.
-Bien, lo que debemos hacer ahora teniendo ambos documentos es establecer las líneas de encriptación. Probablemente haya un patrón que se pueda ensayar con todos los textos que las IAs han publicado en el ciberespacio hasta ahora. Sin embargo es importante que recuerdes donde puede estar el texto original. Cualquier modificación por sencilla que fuera podría significar la clave para la solución de este enigma.
-Correcto, me lo quedo de tarea, Andrew, y no sé qué opines, pero creo que no debemos reportar aún a la SCIA este hallazgo. Hay muchos cabos sueltos aún, y me gustaría meter el programa de tu algoritmo en el sistema informático del UtyCE.
-Estoy de acuerdo contigo. Es tarde, y debo retirarme. Mañana temprano parto al Centro Espacial Cronia.
-Te veo ahí pasado mañana, espero para entonces tener la mente más clara, y con suerte, el texto original.

Andrew partió como había llegado dejando una estela luminosa en naranja que se desvanecía ligeramente en azul. Koki estaba aterrorizado. No entendía lo que estaba pasando, el recuerdo de Cynthia era tan vívido como la reminiscencia de los últimos días de su enfermedad. Su estoico enfrentamiento al cáncer, su decisión de la eutanasia después de la noticia que los médicos le dieran del avance de la metástasis en algunos órganos. y finalmente. la decisión de ser criogenizada. Aquellos momentos tan duros seguían doliéndole ahora. Y precisamente ahora, a escasos meses de su descongelamiento, se presentaban problemas verdaderamente complejos en el sistema informático. Y lo menos concebible de todo esto es que Lizeth, de no haber enloquecido también, reportaba una analogía anagramable entre el texto de las IAs y el de Cynthia.

Antes de partir al Centro Espacial Cronia, Michio visitó el panteon local de Oxford en Connecticut, donde estaban los restos mortales de sus padres. A los pocos días de morir su madre, su papá intentó sucidarse. Cuando se recuperó Don Ricard, Koki mandó hacer una réplica robótica de Doña Ethel, que aunque funcionaba de forma bastante básica, era suficiente para las necesidades afectivas de su padre. Al poco tiempo murió Kitty, la gata siamesa que corrió con la misma suerte de Doña Ethel, dando alegría y motivos suficientes para seguir viviendo al padre de Koki. El señor había fallecido hacía apenas dos años, y era un robot de tercera generación sensorial bastante evolucionado. A Michio realmente le costaba trabajo creer que sus padres habían muerto, quiza esa circunstancia familiar tan sui generis le obligaba ir a menudo al cementerio. Durante su viaje realizó algunos apuntes y estructuró un plan que pondría en práctica inmediatamente que pisara el Centro Espacial Cronia.